Comunidades y ‘landlords’, del DIY al DIT en los contenidos digitales

Lourdes Moreno Cazalla
4 min readJun 25

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Photo by Clark Tibbs on Unsplash

En arquitectura y urbanismo existe una tendencia asociada a nuevas formas de colaboración, el Do-It-Together (DIT), que está logrando un impacto real a través de comunidades interculturales e interdisciplinarias. Lo más poderoso de este movimiento es que por motivos de necesidad o urgencia se conforman acciones e intervenciones. Y esta idea me ha cautivado porque podría empezar a forjarse en la industria de la creación de los contenidos digitales.

Cuando Chris Anderson en 2010 avanzó que “en la próxima revolución, los átomos son los nuevos bits”, alumbraba dos posibilidades: una nueva era del Do-It-Yourself (DIY) y el microempresariado y las oportunidad de explotar Long Tail. Y aunque no se equivocó sobre el carácter democratizador, estas dos premisas no han envejecido muy bien.

Los creadores DIY, como autoempresas de datos y logística

Los medios algorítmicos se dedican a crear perfiles de consumidores para “cada usuario” (la personalización) sin embargo, como señala Jak Ritger en este sistema, “los productores se ven a sí mismos como creadores de mercado que llaman la atención y proporcionan credibilidad o autenticidad a las marcas que intentan desesperadamente acceder a audiencias más jóvenes conocedoras de los hipermedios”. Primero porque la mayoría de los creadores no son microempresarios. Si bien gracias a la tecnología es más fácil la autoedición y autodistribución, apenas perciben compensación por las plataformas que se benefician de su trabajo o contenidos y muchos de ellos tampoco es que se sientan cómodos en las tareas de marketing o comerciales. Además, a medida que los creadores van navegando por la larga cola, surgen momentos de fricción porque en esta zona los sistemas de información y comercialización se vuelven lentos, lo viral (por impacto y volumen) es lo potenciado, y se entra en conflicto con las posiciones que surgen más tarde o en los intereses de nicho.

Fuente: Models for culture producer communities, Jak Ritger (2019)

Resulta llamativo que, a medida que nuestro mundo se va descomponiendo en data, aparecen nuevos medios que crean ambientes y se apropian de conceptos como propiedad, conexiones sociales, normas, etc. Estos sistemas tecnológicos se han convertido en verdaderos demiurgos y gestores que potencian o no los contenidos, según unos parámetros y lógicas de sus propias cajas negras, algoritmos (porque cada cual tiene el suyo) y no muy democráticas (y/o éticas). Y los creadores de contenido se adaptan y distribuyen sus trabajos en estos sistemas tecnológicos que cada vez hacen más fácil su uso y la producción. Si quieres hacer un contenido con música, tienes desde TikTok a Instagram, si buscas alojamiento y funcionalidades infinitas e ingresos publicitarios con YouTube, o cobro directo por tus contenidos, Twitch y así un largo etcétera.

“Las redes sociales intensifican este tipo de comunicación sin comunidad. No se puede forjar una esfera pública a partir de personas influyentes y seguidores. Las comunidades digitales tienen la forma de mercancías; en última instancia, son mercancías”. Byung-Chul Han

Rentistas en Internet

En estos modelos se mezclan la “gift economy”, la economía de mercado olo que Caroline Jordan denomina economía “Digi-Gratis”, por lo que requiere como creadores comprender cómo opera la nueva cultura de Internet y, en particular, el fandom. Aquí me parece destacable el trabajo de investigación de Jathan Sadowski, quien ha definido que las “plataformas son los nuevos rentistas del capitalismo contemporáneo” (Sadowski, 2020), un modelo de negocio “X-as-a-service”, se muestra como un “rentista” no solo para aumentar la rentabilidad y el valor, sino también desde una perspectiva de economía política geográfica, por los mecanismos de extracción de datos y digitalización.

Desde esta perspectiva aplicada a los contenidos, la mayoría de las Platform landlords serían recintos digitales con softwares que los rentistas poseen y usan para extraer o fabricar de datos, buscando el control y el acceso a los datos (el cómo, quién y dónde y las relaciones de desigualdad y explotación en estos sistemas contemporáneos). Y en este modelo, los creadores son meros inquilinos al igual que la audiencia.

Este concepto de las “Platform landlords” me devuelve al inicio del planteamiento de urbanismo y de la colaboración, al DIT. Sería interesante ver cómo se crean nuevos modelos mediante comunidades promovidas por la audiencia, creadores o marcas y que puedan establecer relaciones para el desarrollo integral de proyecto y que todos se sientan agentes del proceso, sacando su propio beneficio en toda la curva de demanda, estableciéndose una relación justa entre el capital, la atención y los sistemas.

Fuente: Crowdmuse (2023). Creator monetization models. Chris Dixon.

“Una economía verdaderamente digital es como un bazar del mundo real”. Chris Dixon

En este sentido están surgiendo proyectos de bienes públicos o con protocolos de código abierto, gobernanza democrática y aplicaciones creativas que se basan en una nueva dinámica de propiedad de los proyectos y sus financiadores. Algunos casos interesantes están creando o empleando plataformas para recaudar fondos y estructuras de financiación y recompensar a los miembros de la comunidad, sobre todo más avanzado en contenidos artísticos dirigidos hacia lo micro social como Juicebox, que integrando el crowfunding con NTF; con contenido tokenizado en Nous.build; el enfoque de web3 de Mirror.xyz; y la creación de redes propias DAO (Decentralized Autonomous Organization), como la app de FWB.

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Lourdes Moreno Cazalla

Humanista. Intransitiva. PhD en Comunicación. Productora ejecutiva, Distribución y Audiencias en Podium Podcast. Observatorio Nebrija del Español 🎧